Los 5 sentidos, la cocina y el Agilísmo (I)

Tiempo de cocinado (lectura): 3’50”

Hoy os traemos la primera de una série de entradas que demuestran la importancia e interacción que tienen los 5 sentidos, la cocina y el Agilísmo. Esperamos que el paralelísmo establecido entre el Agilísmo y las Cocinas os resulte esclarecedor y no lo contrario. Como etdo el mundo sabe, contamos con 5 sentidos: la vista, el olfato, el tacto, el oido y el gusto. En el mundo de la cocina, los sentidos son clave. Nuestras experiencias gustativas, olfativas y visuales sobre todo, nos transmiten de sopetón el lenguaje de la cocina.

Ferrán Adriá, afirma que la cocina es un lenguaje. Tiene que haber una conexión entre el que escucha y el que habla, entre el que elabora el plato con mimo y con pasión y entre el que lo consume. La cocina, por tanto, se basa como muchas otras cosas que nos rodean, en experiencias. Una buena experiencia en un restaurante nos hará volver a degustar esos platos que tanto nos han gustado, el trato por parte del personal del local es una experiencia que nos hará volver, por la amabilidad de la atención recibida. La experiencia percibida, por tanto, lo es todo.

El Software también es una experiencia y también es un lenguaje. Conectar con nuestros clientes a través de los productos que usan les hará volver una y otra vez a visitarnos, a comprar productos en nuestra tienda on-line, a consultar sus productos financieros, a interactuar con un juego, un sistema de reservas on-line de viajes, etc, y para conseguirlo tenemos que poner nuestros 5 sentidos.

Los clientes quieren experiencias memorables: el diseño, los sistemas y el marketing deben girar en torno a esas experiencias memorables, como decía Tom Peters, en Reimagine.

Desarrollar sistemas y productos, en base a la búsqueda de experiencias satisfactorias de los clientes, nos hace poner nuestros 5 sentidos a funcionar. Aplicando la cultura ágil, sus técnicas, sus prácticas y sus modos de hacer las cosas, estaremos más cerca de conseguir esas grandes experiencias que activarán los sentidos de nuestros clientes y que desarrollarán los sentidos de los equipos involucrados.

Empezamos hoy una serie de artículos en los que en cada uno de ellos, y por medio de metáforas, intentaremos buscar las analogías entre la gastronomía y el desarrollo de Software, trasladando a estas líneas, también, la  fusión que queremos representar en los cursos de Agile Taste.

Hoy le toca el turno al sentido del:

Olfato

En la cocina se producen elementos tangibles, palpables, que los clientes degustan una vez se les entrega el producto, activándose de inmediato ante la sola presencia del plato, alguno de los 5 sentidos. Incluso alguno de lo sentidos, y nos referimos al olfato, puede anticiparse a la visualización, transmitiéndose desde momentos tempranos sensaciones olfativas que nos pueden condicionar mentalmente sobre lo que vamos a recibir en la mesa.

En el software, también se producen productos tangibles, pero tenemos que poner a funcionar el  sentido del olfato mucho antes de que se produza la entrega final del producto, si queremos evitar sorpresas desagradables al “sentarnos en la mesa a degustar el producto”. Tenemos que buscar los malos olores  por medio de percepciones subjetivas basadas en la manera en que se han hecho o se están haciendo las cosas. o incluso en evidencias palpables de fallos y problemas reales del software.

  • Ritmos de trabajo insostenibles que conducen a los equipos a trabajar con prisas y apreturas de manera continua generando estress y cansancio.
  • Deficientes prácticas de ingeniería aplicadas por el equipo. 
  • Ausencia de entornos de prueba o escasez de las mismas.
  • Equipos con poca experiencia en el contexto de negocio objeto del desarrollo o con falta de conocimientos técnicos.
  • Desmotivación , individualidades, ausencia de comunicación.

En un modelo de entrega iterativa-incremental como es Scrum, los malos olores pueden aparecer rápidamente, en las primeras iteraciones, consiguiendo de esa manera paliarlos a la primera de cambio. Por contra, si empleamos un enfoque tradicional de entrega, con todo el producto servido al final, corregir los malos olores, quizás nos provoque tener que descartar el plato completo y comenzar de nuevo su elaboración, con la consiguiente pérdida de materia prima, y materia gris de nuestro “equipo de cocineros”.

Como en la cocina, si un producto software, huele bien, es un síntoma claro, o al menos esperanzador de que podremos encontrar momentos más tarde una experiencia gustativa que sea de nuestro agrado. El dicho: ” Huele bien, sabe mejor”, es un presagio de una experiencia satisfactoria. 

En el desarrollo de Software, los malos olores pueden y deben ser anticipados, descubiertos y resueltos por el equipo de manera temprana, aplicando técnicas concretas:

  •      Refactorización.
  •      Identificación de los problemas y transparencia de los mismos.
  •      Anticipación de los problemas (durante la reunión diaria de Scrum), cuidándote de no caer en antipatrones.
  •      Potenciar las pruebas unitarias aplicando técnicas de TDD
  •      Retrospectivas.

Son técnicas que nos permitirán intensificar nuestro olfato ante situaciones desagradables que se pueden producir al final de un proyecto.

Por tanto tengamos las pituitarias muy abiertas en todo momento y así podremos afirmar que nuestro producto no solo olerá bien, sino que además tendrá un sabor excelente cuando lo sirvamos a la mesa.

En la siguiente entrada de la serie, hablaremos del sentido de la vista y como los clientes y/o usuarios de nuestro producto se verán impactados o desencantados al poner en funcionamiento este sentido.

Esperemos que os haya gustado la primera de nuestras recetas ágiles. ¡Hasta pronto!


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AgileTaste

CoFundador Agile Taste

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